La Enfermedad Vascular Cerebral es una alteración neurológica que se caracteriza por aparición brusca, con síntomas de 24 horas o más, causando secuelas y muerte. Destaca como la causa más común de incapacidad en adultos y es la quinta causa de muerte en nuestro país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” de la Secretaría de Salud.

Los tres tipos de EVC son: trombótico, embólico y hemorrágico. En el primero, el flujo de sangre de una arteria cerebral se bloquea debido a un coágulo que se forma dentro de la arteria. La ateroesclerosis, que es la acumulación de depósitos grasos en las paredes de las arterias, causa un estrechamiento de los vasos sanguíneos y con frecuencia es responsable de la formación de dichos coágulos.

Mientras que el embólico se da cuando el coágulo se origina en alguna parte alejada del cerebro; por ejemplo, en el corazón. Una porción del coágulo (un émbolo) se desprende y es arrastrado por la corriente sanguínea al cerebro, el coágulo llega a un punto que es lo suficientemente estrecho como para no poder continuar y tapa el vaso sanguíneo cortando el abastecimiento de sangre. Este bloque súbito se llama embolia; en tanto que el hemorrágico o derrame cerebral, es causado por la ruptura y sangrado de un vaso sanguíneo en el cerebro.

Algunos signos de alarma son el entumecimiento, debilidad o parálisis de la cara, el brazo o la pierna, en uno o ambos lados del cuerpo y que aparece en forma repentina; ocurrencia súbita de visión borrosa o reducción de la visión en uno o ambos ojos; aparición brusca de mareos, pérdida del equilibrio o caídas sin explicaciones; incapacidad repentina para comunicarse, ya sea por dificultad para hablar o entender, y aparición súbita de dolor de cabeza, de gran intensidad y sin causa conocida.

Estos signos de alarma pueden durar solo unos minutos y luego desaparecer, o pueden preceder a un EVC de mayores consecuencias y requieren atención médica inmediata.

Un evento vascular cerebral es una emergencia médica y cada minuto cuenta, ya que cuanto más tiempo dure la interrupción del flujo sanguíneo hacia el cerebro, es mayor el daño, por lo que la atención inmediata puede salvar la vida de la persona y reducir los efectos, que pueden ser desde leves hasta severos, e incluyen parálisis, problemas de raciocinio, del habla, de visión y en la coordinación motora.

Los factores que aumentan la probabilidad de tener un EVC están la presión arterial alta, enfermedades cardíacas o diabetes descontrolada, colesterol alto y tabaquismo, de ahí que los especialistas del Sector Salud recomiendan realizar ejercicio regularmente, evitar alimentos ricos en colesterol, mantener el peso corporal adecuado y controlar los padecimientos cardiacos y la diabetes.

La Dirección de Prestaciones Médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social  informó que para atender este padecimiento, cuenta con mil 521 Unidades de Medicina Familiar, 248 unidades médicas hospitalarias, 36 Unidades Médicas de Alta Especialidad y dos mil 918 módulos PREVENIMSS.

Para tratamiento y diagnóstico, el Seguro Social cuenta con 3 mil 182 camas hospitalarias, 128 tomógrafos axiales computarizados, 25 equipos de resonancia magnética, así como 128 unidades con Medicina Física y Rehabilitación.

La Dirección de Prestaciones Médicas del IMSS puntualizó que en México, esta enfermedad se presenta con mayor frecuencia en mujeres mayores a 50 años, debido a una elevada sensibilidad biológica a sufrir un daño cerebral por cualquier estímulo, además tiene el factor de riesgo del uso de pastillas anticonceptivas.

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado cuenta con la estrategia Res-ISSSTE Cerebro, enfocada a implementar atención oportuna a los pacientes y explicar a la población los principales síntomas para acudir de inmediato a urgencias.

Este programa se realiza en hospitales de Hidalgo, Jalisco, Yucatán y en el Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”.

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