Un equipo de investigación de la Universidad británica de Duke logró identificar una pequeña área en el cerebro de los ratones que controla en profundidad la sensación de dolor, centro único que apaga el dolor, contrario a investigaciones previas enfocadas en buscar varias regiones cerebrales que lo encienden.

Según el autor principal de la investigación, el profesor de neurobiología Fan Wang, la “mayor parte de los estudios anteriores se enfocaban en regiones que se activan por el dolor”, pero hay muchas y resulta complicado “apagarlas todas para detener el dolor”.

La diferencia es importante en la búsqueda de fármacos para suprimir el dolor que, en lugar de inhibir esas diversas zonas se enfoquen en una sola región cerebral. Un comunicado de la universidad explica que este punto en concreto se ubica en el cuerpo amigdalino, sitio de las emociones y respuestas negativas, como impulsos de lucha, huida o ansiedad general.

La investigación representa una continuación de un trabajo anterior que analizó qué neuronas activan los anestésicos en lugar de bloquearlas. El equipo de Wang determinó que la anestesia general activaba un conjunto específico de neuronas en la amígdala central, lo que permitió limitar la búsqueda y llegar al hallazgo.

El laboratorio utilizó tecnologías modernas para rastrear las conexiones de las neuronas activadas en ratones y encontró que estas se producían en muchas áreas diferentes del cerebro, algo que de acuerdo con Wang, “fue una sorpresa”.

Cuando los roedores recibieron un leve estímulo de dolor, al menos 16 centros cerebrales se activaron en respuesta y recibieron información inhibitoria de la amígdala.

“El dolor es una respuesta cerebral complicada”, dijo Wang. “Implica discriminación sensorial, emoción y respuestas autónomas”. Por lo tanto, es más eficaz para tratar el dolor “activar un nodo clave que envía naturalmente señales inhibitorias”, que mitigar esos procesos cerebrales en distintas áreas del cerebro.

Entre los métodos utilizados destaca la optogenética, uso de luz para activar una pequeña población de células en el cerebro. Para los ratones son típicos comportamientos lamerse las patas o limpiarse la cara en caso de malestar, lo cual el equipo suprimió encendiendo una luz en este nodo antidolor.

Wang explicó que los ratones tienen una amígdala cerebral relativamente más grande que los humanos, pero no hay motivos para pensar que las personas tengamos un sistema diferente para controlar el dolor. El artículo científico de la investigación fue publicado en la revista Nature Neuroscience.

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