Un número importante de simpatizantes del expresidente brasileño Luiz Inácio da Silva demandaron su liberación frente a la cárcel de Curitiba donde está preso por corrupción desde hace un año.

Las manifestaciones se produjeron en varias ciudades de Brasil e incluso del mundo, mientras que en Curitiba, partidarios de Lula, dirigentes del Partido de los Trabajadores y representantes de organizaciones afines, se movilizaron  a lo largo de 2 kilómetros hacia la sede de la Policía Federal, donde está el penal.

Durante el trayecto, los manifestantes lanzaron consignas en favor de Lula  y contra el actual presidente, Jair Bolsonaro, hasta llegar a pocos metros de la celda donde el exmandatario de 73 años de edad cumple una pena de 12 años y un mes

El excandidato presidencial Fernando Haddad, derrotado por Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones de octubre, dijo que el de Lula “es un proceso que no tiene ni pies ni cabeza que no podemos aceptar. Vamos a seguir manifestándonos y luchando por sus derechos”

Según los organizadores, el acto reunió a 10.000 personas, mucha de ellas vestidas de rojo.

Lula dijo en una carta leída frente a la cárcel por la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, que su candidatura a las elecciones de octubre fue inhabilitada para evitar que volviera a la presidencia, afirmando que “nunca presentaron ni una prueba contra mí. Soy un preso político, exiliado de mi propio país”.

En un artículo titulado ‘¿Por qué tienen miedo de Lula libre?’ y publicado este domingo en el diario Folha de Sao Paulo, el expresidente aseguró que su encarcelamiento busca evitar que reorganice a la oposición en el país, en momentos en que su partido está falto de liderazgo y desprestigiado por la corrupción que envolvió a casi toda la clase política.

Denunció de paso la “parcialidad” del actual ministro de Justicia de Bolsonaro, Sergio Moro, el exjuez responsable de su condena en primera instancia.

El exmandatario fue condenado en primera y segunda instancia por corrupción pasiva y lavado de dinero, como beneficiario de un apartamento puesto a su disposición por constructoras para obtener contratos en Petrobras.

En febrero de este año, fue sentenciado a otros 12 años y 11 meses, al considerar que obtuvo reformas en una hacienda, igualmente a cambio de contratos en la petrolera estatal. Si esta pena es ratificada en segunda instancia, sus condenas sumarían 25 años. Pero bajo la ley brasileña podría gozar de un régimen semiabierto con 4 años cumplidos, siempre que no sea condenado en otro de los procesos que tiene abiertos.

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