Hasta hace meses, cuando los migrantes enviaban a sus países de origen remesas para sus familias contribuían a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos, sacar a decenas de millones de personas de la pobreza extrema. Pero llegó la pandemia de la COVID-19 e, irónicamente, la oportunidad de mejorar un segmento específico del sistema financiero mundial que representa más del 5% del producto interno bruto de por lo menos 60 países de ingresos bajos y medianos.

Gilbert F. Houngbo, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, un organismo especializado de las Naciones Unidas en Roma, explica que “independientemente de que la recuperación posterior al virus sea o no más rápida de lo previsto, la pandemia mundial ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades del sistema mundial de remesas”.

A pocos días de la celebración el 16 de junio del Día Internacional de las Remesas Familiares, señaló que “es el momento de arreglar estas vulnerabilidades sin importar cuál sea el escenario económico”.

Según el Banco Mundial, las remesas destinadas a países de bajos y medianos ingresos alcanzaron en 2019 la cifra récord de 554 mil millones de dólares, gracias a que 200 millones de trabajadores migrantes en 40 países ricos enviaron fondos a sus hogares que sirvieron para mantener a 800 millones de personas en más de 125 países en desarrollo.

Houngbo precisa que la mitad de las familias que recibieron los envíos viven en zonas rurales donde las remesas tienen más importancia. Sin embargo, con la aparición de la pandemia, el Banco Mundial proyecta que las remesas disminuirán 20%, (110 mil millones de dólares), lo que podría arrastrar a decenas de millones por debajo del umbral de pobreza, y al mismo tiempo, obstaculizar los progresos para alcanzar el Programa de Desarrollo Sostenible de 2030.

El experto explicó que no se prevé que las remesas vuelvan a los niveles anteriores a la pandemia hasta dentro de algún tiempo y que no espera que durante 2021 se produzca una recuperación en forma de V, por lo que los ahorros se reducirán y empeorarán las condiciones locales.

“Aunque la reducción de las remesas no se producirá de un modo uniforme en todas las familias, ni en todos los continentes, las repercusiones en la sociedad serán considerables y duraderas”, dijo a Noticias ONU por correo electrónico.

Suiza y Reino Unido, a los que se sumaron otros Estados miembros, Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otros organismos de las Naciones Unidas y grupos industriales, emitieron el 22 de mayo un “llamado a la acción” de ámbito mundial para garantizar que los trabajadores migrantes y las comunidades de la diáspora sigan enviando dinero a la vez que se mejora el sistema de remesas.

El llamado no solo insta a los encargados de elaborar políticas a declarar la prestación de remesas, servicio público esencial, sino que apoyen el desarrollo de canales digitales de remesas más eficientes. También pide a los reguladores que proporcionen indicaciones sobre los requisitos de orientación al cliente, de máxima importancia para expandir servicios financieros digitales, en particular para las personas indocumentadas que no tienen acceso a una cuenta bancaria.

Asimismo, alienta a los proveedores de servicios de remesas a estudiar la manera de aliviar la carga financiera de sus clientes reduciendo a más de la mitad las tasas de transacción, cuyo promedio actual a nivel global es del 6,8%, según la meta fijada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tal y como indica el último Informe sobre la Migración y el Desarrollo del Banco Mundial. (Naciones Unidas)

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