Pasaron 2 meses después de presentada la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, para que el Congreso del país sudamericano aprobara la dimisión, en un leglislativo, controlado por el partido Movimiento Al Socialismo mismo quer dirige el exmandatario.

 

La oposición criticó la sesión y la calificó de “inadmisible”, pues consideran que Morales había renunciado de facto al abandonar el país, pese a que lo hizo después de que los militares le retiraran el apoyo.

 

El congresista Henry Cabrera, influyente dirigente del MAS, declaró que en la Asamblea Legislativa “aceptamos la renuncia de nuestro compañero Evo Morales y Allvaro García. Estamos cumpliendo con la Constitución que dice que quienes rechazan o aceptan la renuncia son los diputados y senadores”.

 

Cabrera consideró necesario cumplir con la parte formal de la ley, pese a que el 12 de noviembre asumió provisoriamente la presidencia del país la senadora de derecha Jeanine Áñez, cuya legalidad reconoció el Tribunal Constitucional, que amplió su mandato hasta la conformación de un nuevo gobierno que será electo  en los comicios de mayo.

 

La sesión se volvió un caos porque críticos a Morales señalaron que no procedía la carta de renuncia, pues él hizo abandono de cargo. Sin embargo, la titular de la Asamblea Legislativa, la senadora Eva Copa, también del MAS, dijo que “lo que tiene que primar en estos momentos es la paz en nuestro país, mantener la línea de la pacificación y que se tenga estabilidad social”.

 

A la renuncia de Morales y García Linera el 10 de noviembre siguieron las de los presidentes del Senado, Adriana Salvatierra, y de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, ambos del MAS, por lo que Áñez, segunda vicepresidenta del Senado, activó el mecanismo sucesorio y asumió la Presidencia interina de Bolivia, en lo que se considera un gobierno de facto.

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