El cerebro en fase de desarrollo, durante la infancia y la adolescencia, tiene mayor plasticidad de la que hasta ahora se creía,  pues existen mecanismos capaces de generar “circuitos cerebrales alternativos” con mayor funcionalidad ante las situaciones adversas.

El estudio a cargo de expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas se publica esta semana en la revista Nature Communications y permite entender la diversidad de conexiones cerebrales, clave para el tratamiento de síndromes como el autismo.

En las primeras etapas de la vida, el cerebro favorece circuitos con una mayor funcionalidad ante situaciones adversas o la carencia de estímulos, como la expansión de los sentidos del oído y del tacto en ciegos de nacimiento. Los dos hemisferios cerebrales procesan información diferente y la conexión que existe entre ambos es fundamental para la realización de las funciones más complejas, para lo que están conectados mediante el cuerpo calloso, autovía de intercambio de información que se desarrolla en la infancia y la adolescencia.

Según la investigadora del Consejo, Marta Nieto, hasta ahora se pensaba que las neuronas callosas eran las únicas capaces de cruzar al hemisferio opuesto, mientras que el resto no podían explorar fuera del hemisferio del que residen.

Los expertos analizaron en ratones los circuitos interhemisféricos que procesan la información sensorial del exterior en un grupo de neuronas considerado como el paradigma de neurona local, la cual recibe información sensorial a través del tálamo. La investigación demostró que los axones de estas neuronas exploran el hemisferio opuesto y tienen capacidad real de conectarse a través del cuerpo calloso, el cual solo utilizan si el estímulo sensorial local en el que reside la neurona desaparece.

Todo indica que el cerebro en desarrollo evita generar circuitos inútiles y favorece aquellos de mayor funcionalidad”, explica Nieto.

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