El presidente filipino Rodrigo Duterte, tomó en serio las recomendaciones de los responsables de salud en el país y reinstauró la cuarentena tras ser advertido por los médicos que la atención sanitaria esta rebasada por pacientes de COVID-19, en una nación que registra ya 106 contagiados y 2 mil 100 muertos.

La determinación del gobierno provocó la paralización de trenes urbanos autobuses y vehículos público este martes en la capital filipina, y la policía colocó de nueva cuenta controles de carretera para restringir desplazamientos de la población una vez aplicada la nueva cuarentena.

Las autoridades utilizaron autobuses y camiones militares para transportar personal médico y trabajadores de sectores autorizados, además de cancelar la mayoría de los vuelos internos con origen y destino en Manila.

Asimismo, en algunos lugares se reinstauraron los toques de queda nocturnos y varios supermercados registraron un exceso de clientes que se aprovisionaba de comida y hacía compras de pánico, tras el súbito anuncio de la cuarentena en la capital.

Pese a que las restricciones no son tan duras como en la primera cuarentena que confinaron a la mayoría de la gente a sus casas durante meses, pero no por ello dejan de ser duras en la ciudad.

Las medidas afectan la zona metropolitana de Manila y provincias vecinas durante 2 semanas, y negocios que habían reabierto de forma parcial, como barberías, gimnasios, restaurantes con servicio en el local y destinos turísticos, cerrarán de nueva cuenta.

Solo se permitían desplazamientos en bicicleta, motocicleta y auto privado por motivos esenciales, al tiempo que servicios autorizados como bancos, empresas de salud y procesamiento de comida debían encargarse del transporte de sus empleados entre su casa y el puesto de trabajo

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