Tuve la suerte de conocer a Jaime Sabines cuando yo tenía 16 años.

Julio, su hijo, iba conmigo en la Prepa 4.
Un día me regalo un libro de su padre: Yuria, que me impactó al instante. “¿A poco se puede escribir así?”, pensé, entre sorprendido por una especie de revelación y embobado por el trancazo de sus palabras:

Si te sacas los ojos y los lavas
en el agua purísima del llanto,
¿por qué no el corazón
ponerlo al aire, al sol, un rato?

*

Me tienes en tus manos
y me lees igual que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.

*

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

*

Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.

*

Porque las palabras mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

*

Supe, hace rato, que estaba alegre
porque me puse a cantar
y a decirle al locutor que era un tonto
y a la vida que era estupenda.

*

Aprendamos a hacer el amor como las palomas. Lloremos como lloran los niños. Aún es tiempo de amanecer junto al sol.

*

Se mecen los árboles bajo la lluvia
tan armoniosamente
que le dan a uno ganas de ser árbol.

Es uno de los pocos poetas a los que regreso una y otra vez.

Sabines escribía con una sencillez y profundidad imposibles de imitar.

Dos o o tres años después, publicó Maltiempo (en Joaquín Mortiz, si bien recuerdo), corrí a comprarlo y lo devoré.

Todavía no salía La muerte del Mayor Sabines, su poema cumbre.

Estuve presente en homenaje que le hicieron en Bellas Artes, donde olvidó un par versos de “Los amorosos” y el público se los recordó en corito.

Fueron los dos últimos de este cuarteto. Casi seguro.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Alguna vez, en una conferencia, a unos pasos de mí, O Paz dijo entre dientes””: ¿qué le da éste a la gente?”

Iba yo a decirle: “poesía, maestro, poesía”, pero Paz era entonces el Dios de la literatura en México y no se le podía objetar nada.

A continuación transcribo un poema que hice mío desde la primera vez que lo leí. Era parte de la historia que estaba viviendo. Nada que exhibiera mejor el corazón roto de un adolescente obsesionado con un amor imposible. ¡Ay, la inasible chica de Tacubaya que me sigue doliendo en el alma! Muchas veces me enamoré y otras tantas aquello terminó en derrota; lo peor, nunca pude escribir algo semejante a los versos de Sabines, ni siquiera de lejitos; y el día que lo haga al fin podré llamarme poeta; mientras tanto, sólo soy un aprendiz de la poesía.

Espero que quien lo lea lo disfrute.

ESPERO CURARME DE TI

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jose Luis Morales Baltazar
holajoseluismorales@gmail.com

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