Un equipo de investigadores estadounidenses descubrió que el tipo de leche de vaca que consumimos incide en el proceso de envejecimiento, lo mismo que si dejamos de tomarla.

Según científicos de la Universidad Brigham Young, el proceso de envejecimiento biológico del organismo es más lento en el caso de las personas que consumen leche con menos grasa.

Encabezados por el profesor Larry Tucker, los investigadores encuestaron a casi 6 mil estadounidenses mayores de edad que tomaban leche con bajo contenido en grasa (entre 0 y 1%) o con un alto contenido de la misma (entre 2 y 3,25%).  También se se tuvo en cuenta a 13% de los encuestados que no tomaban leche de vaca.

Además de la composición de la leche, se consideró la frecuencia con la que era ingerida por los participantes, y al comparar la información con la longitud de los extremos de los cromosomas, principales indicadores de la edad de los encuestados, se observó lo que Tucker calificó como una diferencia “sorprendente”.

Por cada punto porcentual que aumentaba el contenido en grasa de la leche, los extremos de los cromosomas se acortaban en 69 pares de bases de nucleótidos, lo cual supone más de 4 años biológicos.

Así, en algunos de quienes consumían leche del tipo 3,25% había hasta 145 pares de bases menos que los de quienes cosumen la leche desnatada.

Asimismo, la investigación, publicada en la revista Oxidative Medicine and Cellular Longevity, mostró que los telómeros de las personas que no beben leche de vaca también son más cortos.

Tucker afirmó que sus conclusiones confirman las recomendaciones dietéticas que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos desde 2015, según las cuales, la leche con bajo contenido en grasa se considera un alimento saludable.

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