Sri Lanka vivió un domingo triste y difícil a una semana de los atentados terroristas que mataron a más de 250 personas. La población recordó los trágicos hechos en varias iglesias y hoteles, en tanto que muchas personas no asistieron a misa debido a que por seguridad, la ceremonia religiosa fue transmitida por televisión.  

El arzobispo de Colombo, monseñor Malcolm Ranjith, calificó como “insulto a la humanidad” los atentados suicidas contra 3 iglesias y 3 hoteles de lujo, y en su calidad de líder de la iglesia católica en Sri Lanka, celebró una misa privada retransmitida por televisión ante la cancelación de todos los oficios públicos, por temor a nuevos ataques.

Sin embargo, se organizó una vigilia bajo fuerte vigilancia ante la iglesia de San Antonio, hora en la que el edificio fue atacado por un kamikaze hace una semana.

Ranjith inició la ceremonia televisiva pidiendo la paz y la unidad en esta nación multiétnica del sur de Asia, y pidió a los fieles mostrar bondad los unos con los otros como muestra de respeto a las víctimas de estos atentados.

Exclamó que “hoy, durante la misa, prestamos atención a la tragedia ocurrida el domingo pasado e intentamos comprender. Rezamos para que quienes perdieron la vida ese día vivan una vida eterna a través del Señor y para que los heridos sanen pronto”.

Agregó que “de la misma forma, rezamos para que en este país reinen la paz y la coexistencia, la comprensión mutua sin divisiones.

Las autoridades señalaron como autores de la masacre del domingo de Resurrección a un grupo islamista cercano a la organización yihadista Estado Islámica, que reivindicó los ataques dinamiteros.

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