El Presidente Andrés Manuel López Obrador, convocó en Tijuana a un mitin, el sábado 8 de junio de 2019, por la “Dignidad de México y la Amistad con el pueblo de Estados Unidos”; en un principio se trataba de una respuesta indirecta a la decisión de Donald Trump, presidente del país vecino quien condiciona disposición de aumentar los aranceles a fin de obligar a México a actuar sobre la migración centroamericana que desborda ya la frontera del Río Bravo.

¿Qué es la dignidad nacional?, a veces confundida con el orgullo nacional, cuyo sitial es menor, entendida como lo que no se puede perder. Paradigmas de la dignidad son héroes nacionales de la mayor dimensión posible: Cuauhtémoc, Ocampo y Múgica por citar los más sobresalientes.

El régimen lopezobradorista es acosado desde distintos frentes: se le reduce la tasa de crecimiento a 0.8%, se le impone una descalificación a la deuda de Pemex para encarecer sus créditos, y se le amenaza con elevar los aranceles de sus exportaciones a pesar de estar en vísperas de la firma del tratado T-MEC. Ante ese escenario, la capacidad de respuesta es reducida por la inflexión del gasto público concentrado en la Guardia Nacional y las prioridades de Dos Bocas, NAIM; Tren Maya entre otras. ¿Cuál será la estrategia a seguir?

La Comisión mexicana enviada a Washington logró negociar un acuerdo de suspensión de aplicación de los aranceles a cambio de una mayor protección de la frontera del Suchiate con 6 mil miembros de la Guardia Nacional, la persecución de presuntos delincuentes de trata de personas, y otras cláusulas que comprometen una mayor retención de migrantes a través del asilo o la expulsión.

Se trata de una respuesta inmediata para frenar la amenaza al comercio de frontera, enmarcada en la bipolaridad de aranceles por política migratoria.

Quizás el objetivo más trascendente alcanzado haya sido demostrar que es posible la negociación consensuada sobre la decisión unilateral impuesta. Es posible negociar con USA. Aunque el Acuerdo arancelario debería ser controlado por estar incluido en el tratado comercial regional (T-MEC), es un acuerdo que será aprobado por el Senado los días 18 y 19 de este mes de junio.

En democracias más avanzadas la aprobación se somete al referéndum popular para que sea el soberano quien otorgue el beneplácito.

El otro aspecto importante se inscribe en el acto de masas convocado por el Presidente, donde expresó: “no levanté el puño sino le extendí mi mano franca al Presidente Trump”; necesariamente vuelve a refrendar su  frase de Poza Rica Veracruz en marzo pasado cuando se dirigió al público que lo escuchaba y se refirió al incremento del flujo migratorio, diciendo “no nos vamos a pelear con el gobierno de Estados Unidos”, “amor y paz”, “o ¿quieren ustedes que yo le conteste?”, seguido del grito de ¡No! del público, agregando el presidente que “vamos a ayudarle (a Trump) todo lo que podamos”.  Volvió a preguntar, retóricamente: “¿verdad que debemos llevar buenas relaciones con el gobierno de Donald Trump?”.

El lenguaje de AMLO, señala Rafael Rojas (La Razón 8.6. 19) no corresponde al nacionalismo revolucionario, ni a al socialismo del presente, a nadie de la izquierda de América Latina, ni al viejo PRI, ni al Fidel, al del populismo clásico o cualquier populismo clásico o cualquier socialismo. Es un cambio que se plasma cabalmente en el manejo de la crisis con Estados Unidos

Por su parte, Trump ha acudido a la frontera sur de su país en diversas ocasiones, para reiterar su decisión de construir el muro fronterizo, expresar su rechazo a la migración proveniente del sur y de paso lanzar insultos y amenazas que cada vez cobran más fuerza en sus aliados, fortaleciendo el racismo y la discriminación.

Aunque en esta ocasión su intención de elevar los aranceles a las mercancías mexicanas tiene el saborcillo de la reelección presidencial deseada,  Trump está en campaña y aprovecha nuestra debilidad para mostrar su prepotencia.

La ruta de la 4T se encuentra amenazada desde diversos flancos. Sucesiva y regresivamente se le cuestiona el compromiso oficial de una tasa de 4% de crecimiento económico promedio anual durante el sexenio, misma que podría quedar en un modesto 0.8% para este 2019. Otro factor de amenaza se origina en las calificadoras de la deuda, que han filtrado ante cada acción de rescate de la política energética una advertencia de disminución, hasta dejar caer “la guillotina”.

Fitch Ratings bajó las calificaciones crediticias de Petróleos Mexicanos (Pemex) en moneda local y extranjera a largo plazo, debido a factores como su estrecho vínculo con el gobierno, reducción de inversiones, así como su baja producción.

Andrés Manuel se encuentra atrapado por las condicionantes que impone el mercado, en este caso, un espacio en vías de integración. Desde su origen basó el cambio en su lucha contra la corrupción, y a la par basó su proyecto de desarrollo en 5 prioridades de macro obras públicas ubicadas en el sureste con el ánimo de regenerar la industria petrolera, a la vez de equilibrar el desarrollo regional en base de equidad territorial, como gran proyecto sexenal.

La propuesta de recuperar el potencial energético transitó en los primeros meses sin cuestionamientos severos por no romper el orden del mercado donde se llegó a respetar las reformas constitucionales y las concesiones otorgadas a la nuevas inversiones para compartir la riqueza petrolera nacional. Para tales fines se adecuaron las partidas presupuestales inclusive afectando a sectores sensibles como centros de investigación y docencia así como la adquisición de medicinas, y a los ajustes financieros siguieron las proyecciones en el Plan Nacional de Desarrollo que servirá de guía a la 4T.

Los primeros pasos de la 4T han sido dados en el diseño, aprobación y aplicación del Presupuesto Federal de Gasto Público de 2019, reafirmados en el Plan Nacional  de Desarrollo con una visión de largo plazo, pero puestos en consonancia con los recortes a la tasa de desarrollo para 2020 estimada por AMLO en 4 % promedio para el sexenio, tasa cuestionada por diversos organismos que terminaron ubicándola en 0.8% para el año próximo.

La otra limitante al proyecto de crecimiento del actual régimen se ubica en la calificación de la deuda de Pemex.

LA CALIFICACIONES DE LA DEUDA “SOBERANA”

La agencia Fitch Ratings bajó las calificaciones crediticias de Petróleos Mexicanos en moneda local y extranjera a largo plazo, debido a factores como su estrecho vínculo con el gobierno, reducción de inversiones, así como su baja producción, (según Animal Político).

La declaratoria de Fitch Ratings se emite una vez que Pemex inició la construcción de la Refinería de Dos Bocas en Tabasco, y aunque sus declaraciones son pronunciadas regularmente con valoraciones de largo plazo, esta parece no cubrir dichos requisitos. Se argumenta principalmente la caída de la producción de petróleos, la deficiente productividad, el flujo negativo de fondos y una subversión en exploración y producción.

La agencia estimó que Pemex debe recibir un monto anual de entre 9 mil y 14 mil millones de dólares “para detener la caída anual de producción si es eficientemente invertido”.

Fitch reaccionó ante la construcción de Dos Bocss con inmediatez, sin ajustarse al protocolo de valoración de largo plazo, hostigamiento que  obedece no a la posible oferta que contenga el nuevo proyecto, sino a la razón de su posesión o propiedad cuya vinculación es el Estado; por otra parte, su intención de fondo es mantener el sistema global de endeudamiento para que los países se mantengan bajo su tutela sin capacidad independiente.

La calificación de las deudas soberanas no es más que mecanismo de arraigo con el cual se mantiene los deudores en condiciones de eternos confiscados a la disposición de los centros de inversión mundial, entre otros fines para acceder a sus recursos naturales.

UNA TRANSICION SUI GENERISIS

Las relaciones entre México y Estados Unidos han entrado en una fase de compenetración irreversible. No importa quien gobierne en ambos países, no importa que la asimetría entre los dos vecinos se ensanche demasiado, al final, el vínculo bilateral siempre saldrá a flote.

Esto se vislumbra en el libro se titula México, un Estado norteamericano (Gedisa/ UAEM, 2018), escrito antes del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, probablemente desde la expectativa de un desenlace electoral distinto al que tuvo lugar en julio del año pasado. Sin embargo, resulta asombrosa la pertinencia de sus conclusiones para el México de la Cuarta Transformación. De hecho, este libro comparte, a su manera, una de las premisas centrales del proyecto en el poder de la izquierda mexicana: no hubo tal “transición democrática”.

Ese tipo de enfoque en la obra inicial de Rouquié permite advertir una mirada heterodoxa, que muchas veces actúa a contracorriente de las ciencias políticas hegemónicas. En el caso de México, Rouquié desconfía de las tesis sobre la “transición democrática” que apuntan a un cambio del régimen autoritario, presidencialista y priista, a partir de las reformas de 1996. Prefiere pensar que aquel sistema postrevolucionario comenzó a reformarse gradualmente desde fines de los 70, sin desarticular en todas sus dimensiones el “modelo mexicano”: una de sus características primordiales consiste en su particularidad de organización militar, sin el sello de las dictaduras clásicas del Caribe y Centroamérica pero tampoco con los rasgos de una democracia plena.

Ahora la transición del régimen transita por los riesgosos senderos de la integración regional y la recuperación de la capacidad energética bajo la sombra fatídica de la violencia de drogas. ¡Un reto inexorable¡

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