Mostrar las piernas en Irán es un delito, pero fue el país más lujoso e inspirador del mundo

Mostrar las piernas en Irán es un delito, pero fue el país más lujoso e inspirador del mundo

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Aunque parezca increíble, el mismo país que en verano de 2016 acusó a 59 fotógrafos de moda y 58 modelos de atacar a la familia y la moralidad por mostrarse en Instagram vestidos de estilo occidental, durante los años sesenta tenía una emperatriz defensora de la minifalda y de las enseñanzas del New Look de MonsieurDior. Antes de convertirse en República Islámica, Irán era un territorio bajo la influencia de Estados Unidos que aspiraba a aburguesarse y que soñaba con vestirse como dictaban las revistas de moda internacional.

Norma Lee, estadounidense agente en la Oficina Nacional de Turismo iraní en aquel tiempo, conoció al detalle la estrategia publicitaria que latía tras las reformas sociales, liberales y occidentalizadoras del sha Mohammad Reza Pahlevi. Las clases altas se lanzaron a coleccionar revistas de moda europeas y americanas y se las enviaban a costureras en los pueblos para que las adaptaran. 

Estas publicaciones querían a su vez explorar el nuevo glamour de Oriente Medio, pero sobre todo buscaban localizaciones exóticas. Así fue cómo la modelo Marisa Berenson, la periodista de moda Susan Train, el actual director creativo de Guerlain, y el mítico fotógrafo norteamericano Henry Clarke aterrizaron en Persépolis en el otoño de 1969. Se trataba del primer equipo de prensa procedente de Estados Unidos que tenía pleno permiso del Gobierno del sha para recorrer el país.

En Teherán la vida nocturna era intensa y, como solía suceder con los extranjeros célebres de visita, el equipo de Clarke recibió invitaciones de los principales clubes de moda para conocer la escena local.

Los monarcas iraníes siempre habían bordado el márketing político internacional. Ya durante el matrimonio de Pahlevi con su segunda esposa, Soraya Esfandiary, una bellísima mujer con ambiciones cinematográficas, la pareja se había ganado el favor de la prensa internacional. Cuando el sha la repudió por estéril, no dejó que ese episodio empañara su imagen de hombre moderno: rápidamente encontró a una shabanouh aún más mediática: Farah Pahlevi, conocida por su nombre de nacimiento, Farah Diba. Phalevi se casó vestida con un diseño de Yves Saint Laurent del que habló medio mundo; las joyas que llevaba eran tan exclusivas que tuvo que solicitar permiso para su uso.

Diba se convirtió el termómetro del estado moral del país y el espejo estilístico en el que se miraban las mujeres.

El reportaje de Henry Clarke sobre Irán fue un éxito editorial. No solo atrajo a visitantes de todo el planeta al país, que empezaba a ganarse una reputación de modernidad y cambio. También consiguió aumentar exponencialmente las ventas del Vogue de Diana Vreeland. Y además permitió a todo Occidente ver lugares nunca antes mostrados a todo color bajo otro punto de vista.

“Hoy, la moda en Irán continúa viva, aunque está obligada a permanecer en el ámbito privado. Sigue habiendo represión. Sobre la estética y la imagen general del país sólo puedo decir que siento nostalgia de aquella belleza pasada”, afirma lacónico Keyvan Khosrovani.

Fuente: Revista Vanity Fair

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